PEQUEÑOS MILAGROS ENORMES

Niños, que desarman con la mirada, que absorben (y son) la luz del mundo. Un día más que amanecemos vivos, montados en esta peonza cósmica llamada Tierra, desplazándonos por prados infinitos de luceros y galaxias. Ríos de sangre caliente que dan vida a los miles de millones de seres que componen nuestro pequeño universo. El aire entrando y saliendo por los corredores del cuerpo. Los músculos, los nervios, la maravillosa maquinaria viva que habitamos y que nos permite desplazarnos y sentir.

Es increíble estar aquí. En este momento. Radiantes y vivos. Hechos del mismo material que los meteoros. Fuego puro, luz, potencia. Un milagro que no alcanzamos a comprender, a percibir siquiera, perdidos como estamos en nuestro sueño de pequeñez…

Inmortales. Más allá de la cáscara, de la vestidura de carne que recibimos al entrar a este mundo fascinante. Poderosos. Con la capacidad de soñar que no lo somos. Creadores magníficos. Responsables absolutos de nuestra felicidad. Milagros andantes. Guerreros compasivos. Mensajeros de buenas nuevas.

Hemos venido a dejar huella, a arar los campos, a dejar detrás de nosotros un mundo más cálido. Esta vida es el patio de nuestro recreo, el lienzo donde pintamos, el barro con el que damos forma a los sueños, el cañón que dispara nuestro amor.

No dejemos nunca que se nos cierren los ojos. Que se nos achique el alma de miedo. Que las historias que nos contaron y nos contamos, los falsos nombres, la costumbre de mirar siempre al suelo, nos hagan olvidar que cada instante de vida rebosa magia.

Atrévete. Atrévete a recordar quién eres.

baby