TOCAR SIN PARTITURA

flute

Dicen que un proyecto es un sueño al que se ha puesto una fecha de cumplimiento. Qué bonito, ¿no? Pues si te digo la verdad, yo es ver en una misma frase las palabras proyecto y fecha y entrarme ganas de salir corriendo. Tengo aversión a las fechas, a los planes, aunque sí creo en la necesidad imperiosa de mover el culo y no esperar que el Universo y Paulo Cohelo vengan a traernos los sueños en una bandeja.

Los niños funcionan de otra manera y eso es lo que estoy redescubriendo. Se puede decir cualquier cosa de los niños menos que no saben aprender. Te cuento cómo hacía las cosas antes y cómo las hago ahora.

Llevo toda una vida comiéndome las uñas y proponiéndome como objetivo dejar de comérmelas. Al igual que me pasó con el alcohol o con el tabaco, o con miles de cosas más (estudiar una oposición, escribir una novela, ganar muchísimo dinero…) el buen propósito se queda escrito en una libreta o en un archivo con todo lujo de detalles y colorines, fecha de cumplimiento incluida, y el yo verdadero sigue haciendo exactamente lo mismo, fumar, beber, no escribir, no ser rico, y además comerse las uñas.

Llevo unos cuantos meses sin mordérmelas. Algo que no me había pasado en mi vida. Precisamente, en parte, porque he dejado de proponérmelo y de hacer de ello un objetivo. Un buen día empecé a dedicarme a notar la sensación de tener uñas (que antes me desagradaba) con curiosidad. Quizá a aceptarla, pero sin proponerme nada, desde luego. Y aquí estoy. Tengo unas uñas preciosas, por cierto.

He vuelto a tocar la flauta travesera. Llevaba más de 10 años sin hacerlo y por supuesto uno de mis proyectos era volver a tocarla. Pero veía el proyecto y me acojonaba, lo iba posponiendo. Me hacía falta mucha voluntad para volver a empezar y nunca la reuní. Un día pensé que en lugar de proponerme nada podía simplemente llevármela a los labios, un minuto, unos segundos, sin exigirme nada. Dejarla montada en un sitio bien visible y sentir que me invitaba. Ahora los segundos se han convertido en bastantes minutos y además diarios. Muy pronto tocaré no como tocaba antes, sino mucho mejor. Gracias a que no me he puesto una fecha ni lo he convertido en nada grande.

Soy traductor. Me he pasado casi tres años proponiéndome trabajar más rápido, llegar a una media de 10 páginas al día. Con eso he conseguido una tensión tremenda durante todos estos años. Y como mucho, después de un día entero (perdiendo mucho el tiempo eso sí) llegaba a las 8 páginas. Ayer, para que te hagas una idea, me hice 9, en tres horas, mientras escuchaba con los auriculares un concierto de Jethro Tull a todo volumen disfrutando como un enano (la gente se me quedaba mirando en la biblioteca porque no paraba de bailar con todo el cuerpo). Hace dos días me hice 13. Lo hice porque no tengo ninguna meta de páginas en mi cabeza, ni siquiera las voy contando. Me limito a disfrutar el proceso sin darle importancia a los resultados.

Esto es en definitiva lo que quiero decirte, que no creo en la voluntad ni en los planes, aunque a veces sean un mal necesario. En la medida de lo posible lo dejo todo al juego, al proceso natural de las cosas, contando siempre con que hay una voluntad de aprender, de superarse. La vida nos va bombardeando continuamente con circunstancias que no estaban en el guión, como esas máquinas que arrojan pelotas a los tenistas.

Los planes están bien, pero no tienen nada que ver con la vida. La vida es el arte de improvisar. Una canción sin partitura que ni siquiera sabemos cuando termina… Eso es lo que la hace preciosa.

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