EL JUEGO

Gato, pelota… puede que la tercera palabra fuera grillo. O quizá fuera jirafa, o sofá… No sé. La verdad es que no me acuerdo. Ya han pasado más de cuarenta años de ese día. Sin embargo recuerdo vivamente la figura del maestro, con su bigotito y su sonrisa enigmática al proponernos el juego. “Ahora, de uno en uno, levantad la mano y decid una palabra.” Por supuesto todos los niños gritamos a la vez, y solo después de varios ensayos el maestro consiguió que fuéramos diciendo, uno detrás de otro, las palabras que él iba escribiendo con tiza en la pizarra. Luego nos pidió que eligiéramos tres para crear con ellas una historia. Nos daba cinco minutos para pensarla. Cinco minutos, una eternidad cuando se tienen seis años.

No pude esperar. Me puse de pie y sobre la marcha empecé a inventarme una historia. Y descubrí que lo que más me gustaba del mundo era contar cuentos. También descubrí otra cosa:

Que ese día el maestro nos había enseñado el Juego de la Vida. Ni más, ni menos.

Es curioso que me haya pasado media vida sin darme cuenta y buscando la clave en cientos y cientos de libros, cuando estaba ahí, en una mañana soleada, en una clase llena de niños alborotando sin parar, en un maestro que sonreía como si estuviera plantando una semilla secreta en nuestras mentes con su inocente juego.

Llegados a este punto, no me queda otra que preguntarte, ¿quieres aprender a jugar?

Pues es muy sencillo, elige tres palabras… Pero, espera, antes voy a explicarte las reglas:

No vale pensar ni analizar. Olvídate de todo lo que crees que sabes. Imagínate que tienes seis años.

Bien. Ahora elige tres palabras que definan tu vida en este momento, tres palabras en las que pienses a menudo (si eres una persona normal tendrás cierta tendencia a elegir, como mínimo un problema, o dos…)

¿Las tienes? Te pongo algún ejemplo, hipoteca, hijos, vacaciones… Lo que quieras, pero sin juicios de valor. No vale poner tristeza, o injusticia, tiene que ser algo objetivo. Ya sabes, como pelota o gato.

Recuerda, tienes seis años. Cierra los ojos, si quieres, mira como el maestro, de espaldas, va escribiendo tus tres palabras, ¿escuchas el rasgar de la tiza sobre la pizarra?

Date cuenta de que con esas palabras, con esos hechos, puedes crear la historia que te dé la gana. Sí, ya sé que algunas no las habrías elegido si pudieras, que te han “tocado” en suerte. Pero aun así, es fundamental que comprendas que puedes hacer con ellas lo que quieras. Puedes inventar un cuento en el que eres el héroe o la heroína, o una historia de terror, o un melodrama. Puedes hacer una comedia…

Algunas de las palabras son terribles, parece imposible crear algo con ellas que no sea sufrimiento. Pero tú eres el que escribe la historia. Por mucho que te cueste creerlo estás por encima de tus circunstancias. No dejes que nada ni nadie pueda contigo. Sé el personaje que siempre has soñado. Crea la historia más hermosa del mundo. Sé el protagonista, no alguien que pasaba por la vida y al que le ocurrieron una serie de cosas…

Adelante, el juego empieza ahora. No termina nunca.
gato

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TOCAR SIN PARTITURA

flute

Dicen que un proyecto es un sueño al que se ha puesto una fecha de cumplimiento. Qué bonito, ¿no? Pues si te digo la verdad, yo es ver en una misma frase las palabras proyecto y fecha y entrarme ganas de salir corriendo. Tengo aversión a las fechas, a los planes, aunque sí creo en la necesidad imperiosa de mover el culo y no esperar que el Universo y Paulo Cohelo vengan a traernos los sueños en una bandeja.

Los niños funcionan de otra manera y eso es lo que estoy redescubriendo. Se puede decir cualquier cosa de los niños menos que no saben aprender. Te cuento cómo hacía las cosas antes y cómo las hago ahora.

Llevo toda una vida comiéndome las uñas y proponiéndome como objetivo dejar de comérmelas. Al igual que me pasó con el alcohol o con el tabaco, o con miles de cosas más (estudiar una oposición, escribir una novela, ganar muchísimo dinero…) el buen propósito se queda escrito en una libreta o en un archivo con todo lujo de detalles y colorines, fecha de cumplimiento incluida, y el yo verdadero sigue haciendo exactamente lo mismo, fumar, beber, no escribir, no ser rico, y además comerse las uñas.

Llevo unos cuantos meses sin mordérmelas. Algo que no me había pasado en mi vida. Precisamente, en parte, porque he dejado de proponérmelo y de hacer de ello un objetivo. Un buen día empecé a dedicarme a notar la sensación de tener uñas (que antes me desagradaba) con curiosidad. Quizá a aceptarla, pero sin proponerme nada, desde luego. Y aquí estoy. Tengo unas uñas preciosas, por cierto.

He vuelto a tocar la flauta travesera. Llevaba más de 10 años sin hacerlo y por supuesto uno de mis proyectos era volver a tocarla. Pero veía el proyecto y me acojonaba, lo iba posponiendo. Me hacía falta mucha voluntad para volver a empezar y nunca la reuní. Un día pensé que en lugar de proponerme nada podía simplemente llevármela a los labios, un minuto, unos segundos, sin exigirme nada. Dejarla montada en un sitio bien visible y sentir que me invitaba. Ahora los segundos se han convertido en bastantes minutos y además diarios. Muy pronto tocaré no como tocaba antes, sino mucho mejor. Gracias a que no me he puesto una fecha ni lo he convertido en nada grande.

Soy traductor. Me he pasado casi tres años proponiéndome trabajar más rápido, llegar a una media de 10 páginas al día. Con eso he conseguido una tensión tremenda durante todos estos años. Y como mucho, después de un día entero (perdiendo mucho el tiempo eso sí) llegaba a las 8 páginas. Ayer, para que te hagas una idea, me hice 9, en tres horas, mientras escuchaba con los auriculares un concierto de Jethro Tull a todo volumen disfrutando como un enano (la gente se me quedaba mirando en la biblioteca porque no paraba de bailar con todo el cuerpo). Hace dos días me hice 13. Lo hice porque no tengo ninguna meta de páginas en mi cabeza, ni siquiera las voy contando. Me limito a disfrutar el proceso sin darle importancia a los resultados.

Esto es en definitiva lo que quiero decirte, que no creo en la voluntad ni en los planes, aunque a veces sean un mal necesario. En la medida de lo posible lo dejo todo al juego, al proceso natural de las cosas, contando siempre con que hay una voluntad de aprender, de superarse. La vida nos va bombardeando continuamente con circunstancias que no estaban en el guión, como esas máquinas que arrojan pelotas a los tenistas.

Los planes están bien, pero no tienen nada que ver con la vida. La vida es el arte de improvisar. Una canción sin partitura que ni siquiera sabemos cuando termina… Eso es lo que la hace preciosa.

INSTANT ZEN

ZEN PARA FRIKIS

“No ser nada, no saber nada, no tener nada. Esta es la única vida que merece la pena vivir. La única felicidad que vale la pena.” Sri Nisargadatta Maharaj.

Para mí esto significa dos cosas: primera, reírse de lo trascendental, segundo, no pensar tanto. Enterrada bajo un montón de pensamientos está nuestra esencia. Ser nada es simplemente mirar debajo de tanto análisis y tanto rollo, comerte un helado, limpiar los zapatos silbando, mirar el mar o la gente que pasa. Ser nada, o mejor dicho nada más ser. No tener, no tener tantos apegos, tanto en lo que pensar. No saber, más de lo mismo, ser libre de las garras de la mente y de racionalizaciones como estas. Pensé que estos tres personajes de Star Wars remedando a los famosos monos del templo de Niko y la frase de este señor, que debe ser indio (de Córdoba no es) lo resumían mejor. 🙂