JUGAR AL MIEDO

Hubo un tiempo en que no había lugar ni tiempo para ese extraño mundo de las preocupaciones. Una época en que cada momento era único y el siguiente impredecible e ilusionante, ¿qué nos traerá mañana?, nos preguntábamos con una sonrisa por la noche mientras nos dejábamos caer bajo las sábanas. ¿A qué jugaremos?

Cuando la preocupación apareció en escena, disfrazada de amor, disfrazada de interés genuino por ese mismo día de mañana, comenzó a pintarnos un mundo en el que el futuro seguía siendo incierto, pero eso sí, no tan divertido. La pregunta pasó a ser

¿Qué me ocurrirá?

Y la incertidumbre se volvió oscura y tenebrosa.

Es más, el pasado y el presente empezaron a perder todo su brillo y su sentido.

Como si lo único importante fuera lo que vendría a partir de ahora.

Pronto empezamos a darnos cuenta de que, en pequeños instantes, a lo largo de todo el día, abandonábamos el momento. Habíamos empezado a irnos. A soñar con otro tiempo “mejor.”

Para cuando llegamos a adultos el mecanismo de la preocupación (es decir, de vivir fuera del ahora) estaba totalmente establecido. Habíamos conseguido dejar de estar en el presente casi por completo, con muy raras excepciones. Teníamos que recurrir a cosas extraordinarias como la meditación, para conseguir lo que antes sentíamos, sin esfuerzo, a diario. Y lo más curioso es que ahora este hábito insano de preocuparnos y de negarnos a vivir hasta que se solucionaran los problemas, se había vuelto totalmente invisible.

Es por eso que cuando una noche nos encontramos dando vueltas sin poder pegar ojo, o comiéndonos las uñas, ni se nos ocurrió que nuestro problema tuviera algo que ver con la preocupación (algo invisible a nuestros ojos y además perfectamente natural) del mismo modo que un alcohólico se negaría a admitir que sus problemas tengan que ver con el alcohol.

El alcohólico pensaría que, en todo caso es posible que beber no solucione sus problemas, o incluso que los aumente, pero que si no tuviera esos problemas no bebería.

Es decir, muerto el perro se acabó la rabia.

Cuando nos preocupamos pensamos exactamente igual, ¿cómo vamos a dejar de preocuparnos? lo que necesitamos es arreglar los problemas y luego ya se irán las preocupaciones.

Que me toque el gordo y ya verás como me despreocupo.

Pero se nos olvida un detalle muy importante: la preocupación no tiene ninguna razón de ser. Ni con gordo, ni sin él.

Al repasar la historia de cómo la preocupación entró en nuestras vidas nos damos cuenta de que las cosas son muy diferentes a como solemos verlas. Y quizá mucho más fáciles.

Recuerda: la preocupación entró disfrazada de amor.

De ahí hemos sacado que si queremos de verdad a alguien (empezando por nosotros mismos), en cierto sentido nuestro “deber” es preocuparnos. Es decir, sufrir de antemano por ellos. En el fondo de nuestra mente o de nuestro corazón deben quedar resquicios de una superstición reminiscente de los antiguos sacrificios humanos que nos dice que si sufrimos lo suficiente ahora, nos evitaremos sufrir en el futuro. O que si sufrimos lo bastante, vendrá alguien a ayudarnos.

Sin embargo la vida no funciona así. En realidad preocuparnos nos ayuda tanto a resolver los problemas como mordernos las uñas.

Morderse las uñas, roerse, reconcomerse, es la metáfora física perfecta para el mal interno del que estamos hablando. Para esa costumbre, ese hábito de no andar en el presente. De soñar pesadillas despierto y no descansar cuando tenemos que hacerlo.

Vamos a aprender a dejar de mordernos las uñas por dentro y por fuera. A dejar de preocuparnos. Dos, por el precio de uno.

Por lo pronto ya sabes dos cosas que van a ayudarte:

-Preocuparse no significa querer.

-Preocuparse no significa solucionar problemas.

Vamos a empezar despacito. Imitando los mismos pasos con que la preocupación entró en nuestra vida. No nos vamos a comprometer a dejar de preocuparnos de golpe sino que, por el contrario, vamos a empezar a “huir” por ratitos, a ese momento presente del que vivimos tan alejados… Lo importante es confundir al enemigo. Y divertirse haciéndolo.

Un abrazo

Antonio Luis Gómez (Niolus)NIÑAS JUGANDO PLAYA

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: